martes, 7 de mayo de 2013

BINOMIO FANTÁSTICO


Un binomio fantástico consiste en la creación de un cuento a partir de dos palabras (un objeto y un animal) unidas por una preposición que nos servirá de titulo de la historia. El binomio que realicé es el siguiente: 

El cordel de gusano
Había una vez en un bosque, un gusano muy chiquito, de colorES, con los ojos muy grandes y un tanto gordito. Era muy gracioso y simpático aunque sus compañeros y compañeras de clase no lo dejaban ser como él era siempre en casa con su familia y con su gente más cercana, ya que siempre se metían con él por el hecho de ser gordito y redondito.

Cada mañana se levantaba a las ocho, se aseaba, se ponía la ropa, desayunaba y se iba al colegio. Rodolfo, el gusano, no quería ir al colegio ya que sus compañeros nunca lo dejaban tranquilo y siempre lo molestaban.

Un día, de camino a casa, se encontró un cordel y se lo llevó con él. Una vez en casa, empezó a jugar con él: lo pintó del mismo color que él, le puso los mismos ojos…hizo un clon suyo.

Rodolfo el gusano bautizó al cordel como Rodolfín y se hicieron inseparables: por la mañana se levantaban juntos, se aseaban juntos, se vestían juntos, desayunaban e iban al colegio. Allí, los demás compañeros y compañeras los miraban un poco raro, pero no decían nada.

 De vuelta a casa todas las tardes, Rodolfo y Rodolfín jugaban juntos por el bosque y se lo pasaban bomba.

Un día tras otro, Rodolfo era la envidia de la clase. Todos querían tener un amigo como lo eran Rodolfo y Rodolfín y poco a poco, se fueron acercando a Rodolfo. Jugaban con él, reían, pintaban, se iban por el bosque con él, saltaban, corrían…

Rodolfo les explicó quien era Rodolfín y les ayudó a crear otro amigo para cada uno de ellos como Rodolfín.

Desde aquel día, todos tenían un amigo gemelo y lo hacían todo junto. Aquello marcó un antes y un después en la relación entre Rodolfo y sus compañeros y compañeras de clase. Lo querían muchísimo, jugaban con él dentro y fuera del colegio…Rodolfo, era uno más dentro de sus iguales.

Rodolfo, por fin, ¡era el gusano más feliz de todo el mundo!

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