El príncipe y su pequeña.
Érase una
vez un príncipe al que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque. Cada mañana
salía a contemplar su belleza, sus hermosos árboles, sus coloridas flores, los
animales correteando y jugando entre árboles y arbustos…Pero lo que más le
gustaba, era el canto de una chica que, cada día a la misma hora, tarareaba y
cantaba la misma canción y a él lo dejaba anonadado.
Pasaban los
días y cada mañana el príncipe seguía escuchando aquella dulce y bonita voz,
hasta que un día decidió entrar para ver el rostro de aquella chica.
¡Sorpresa!
El príncipe se quedó paralizado…¡Era una niña!
El
príncipe, muy desilusionado y triste, se volvió hacia el castillo y se acostó.
Ya no salía a pasear, no quería seguir escuchando aquella voz que lo tenía
enamorado…no podía ser que fuese una niña…y ¡que él estuviera tan enamorado!
Necesitaba
encontrar una solución, él sabía que aquella era la princesa de sus sueños, que
si tenía que esperar, esperaría, pero la quería para él.
De repente,
apareció un duende. El duende azul del bosque estaba preocupado porque hacía
días que no veía al príncipe y fue a preguntarle qué sucedía.
El príncipe
le contó lo que le pasaba y el duende encontró la solución: Era una pócima
mágica hecha con plantas y frutas del bosque que lo que hacía era que la
persona que la tomara, volvía atrás en el tiempo.
Asique sin
pensarlo dos veces, se la tomó y…¡magia! El príncipe se convirtió en principito
otra vez y fue en busca de su amor.
Pasaron los
años y fueron creciendo juntos hasta el día en que cumplieron los dos la
mayoría de edad y decidieron casarse.
¡Qué bonita
la fiesta! Y ¡qué felices que estaban todos!
Así fue
como el príncipe consiguió casarse con aquella niña que tan enamorado lo
tenía…así que, cuento contado, cuento acabado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario